Estamos en un momento de desquicie y polarización tan surrealista que parece que la sociedad se divide entre wokes y fachas, y nada que ver, peña.
Habemus una gran masa de gente, la mayoría en mi opinión, que no estamos ni en un extremo ni en el otro, a la que se nos está invisibilizando.
Existimos muchísimas personas, que seguimos sintiéndonos de izquierdas, solidarias y abertzales y que no comulgamos con la ideología woke, porque entendemos que para progresar y tener una vida digna lo primero que hay que hacer es tener los pies en la tierra, y que todo necesita límites y estructura. Todo no vale en el mundo real.
Aquí el tema es que cuando cuestionas cualquier asunto de la agenda woke sucede algo muy grave, y es que te acusan de FACHA, nada más y nada menos que de facha, de racista, de homófobo, etc.
A mi, sinceramente, me resbala lo que me digan por dar mi opinión, tengo 44 años, un bagaje, una historia, y tengo muy claro lo que soy y lo que no. Pero OJO, porque otras personas no tienen este contexto y esto genera algo muy muy peligroso.
A un crío de 15 años, que piensa como yo, tú le dices que es facha y racista, y ese crío SE LO CREE. Porque no tiene una base, una ideología con la que identificarse, porque vive en la asquerosa era «woke o facha».
Y ese crío se convierte en carne de cañón para, efectivamente, ser captado por ideologías fascistas. Y así nos pinta el pelo, gente.
Olvidaos de la Euskal Herria de izquierdas y euskaldun si cada vez que una persona expresa una opinión la mandáis al saco de los fascistas. Porque efectivamente, así lo que hacéis es sembrar fachas y más fachas, y esto da mucho miedo.
Se vienen tiempos realmente oscuros si no dejamos de extrapolar, y esto es responsabilidad de tod@s.
Autora: A.Z.M.
