SOBRE CRISIS Y MONSTRUOS

Nunca como ahora la frase “lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer” define perfectamente lo que está sucediendo en el actual panorama internacional. De esta manera, Antonio Gramsci, en sus escritos de prisión, se refería a esos momentos históricos complejos donde domina la incertidumbre y el desorden como final de una era y el inicio de otra. Describe un período de crisis o transición, donde las estructuras anticuadas o viejas no se desintegran completamente y las nuevas aún no han logrado establecerse y, en ese interregno, se dan fenómenos anormales o “monstruosos”.

Sin duda, en la complejidad de la política global actual, Donald Trump ha logrado instalarse como un actor disruptivo. Su retórica “antiglobalista” y su defensa del “America First” es la viva muestra de una feroz disputa entre los sectores del capital nacionalista imperialista y el bloque globalista. Una lucha interclasista con fracciones en liza e intereses divergentes.

Pero… ¿cómo hemos llegado a esta situación? 

La Unipolaridad, un pasado cercano

El punto de inflexión en el auge y crisis del neoliberalismo imperante durante estas últimas décadas, al menos en su expresión más prepotente, se registró en Bagdad el 19 de septiembre de 2003. Estados Unidos despliega su poder global tras la cancelación de la URSS y con ella, el cierre del Ciclo de octubre. En aquellas fechas aún se respiraba en la administración estadounidense la euforia por la victoria tras la invasión de Irak. Quién no recuerda la mítica frase lanzada desde el portaaviones Abraham Lincoln: «misión cumplida», por parte del presidente de EEUU, en aquel entonces George Bush. Fue un momento en el que la Belle époque del imperialismo disfrutaba de su dominio mundial tras los ataques del 11 de septiembre en territorio norteamericano, a pesar de que las guerrillas suníes ya causaban estragos en las filas del ejército de ocupación estadounidense dejando Irak en un caos gigantesco.

En paralelo y de manera fulgurante, se desarrollaban las grandes corporaciones empresariales. Los procesos de financiarización y de concentración empresarial no solo avanzaban con paso firme de la mano de las nuevas tecnologías, sino que se interrelacionaban y se retroalimentaban mutuamente, reforzando dinámicas que transformaban la estructura del capitalismo contemporáneo. Ese poder acumulado facilitaba nuevas operaciones de concentración, más con lógica financiera que industrial. Y todo el proceso favorecía a su vez a los grandes fondos, más concentrados y con cada vez más control sobre una economía mundial oligopolizada y especulativa.

En esencia, las nuevas corporaciones y fondos financieros iban sobrepasando y desbordado las capacidades de los Estados, naciones y pueblos del mundo, moldeando sus políticas multi-sectoriales. Con cada día que pasaba, su impacto en los estilos de vida, formas culturales o transformaciones socio-políticas… eran más visibles. Su influencia llegaba a todos los rincones de la población, los ingresos, la deuda, los precios, el empleo, las modas, la ciencia, la tecnología, la innovación, la educación, la geopolítica, las migraciones masivas, comercio exterior, el cambio climático, la seguridad global… nada se escapaba a su control.

Multipolaridad, un futuro cercano

Sin embargo, la hegemonía militar de Washington no pudo eliminar la amenaza de nuevos centros de fuerza potenciales capaces de desafiar el liderazgo de las grandes corporaciones y fondos financieros al calor del manto protector unipolar estadounidense. Semejante objetivo exigía mantener demasiadas “guerras pequeñas” de desgaste que habían sido planeadas ya por la administración Bush. El imperialismo occidental no tuvo suficientes recursos, tiempo, ni apoyo de sus propios aliados. Y mientras los soldados estadounidenses y la resistencia iraquí regaban de sangre el suelo iraquí, en silencio, sin grandes alardes ni rupturas traumáticas, los BRICS asomaban su cabeza tímidamente en el devenir de la historia. Surgieron como concepto en 2001 agrupando a Brasil,Rusia, India y China (BRIC); se consolidaron con su primera cumbre en 2009 y se convirtieron en BRICS con la entrada de Sudáfrica en 2010. De pronto y sin saberlo,los BRICS, liderados por China, emergían como el verdadero motor del crecimiento global superando al G7 y sus corporaciones, con una participación creciente en la riqueza mundial, demostrando que existe un camino alternativo al modelo occidental de confrontación. El occidente combinado había entrado en una espiral de crisis, no sólo económica, sino también de liderazgo que arrastra contradicciones cada vez más profundas como la tendencia decreciente de la Tasa de ganancia, que obliga al capital a  reestructuraciones sólo posibles en el mundo de la especulación, la guerra y el saqueo.  

«Muerte y transfiguración».

«Muerte y transfiguración», así describe la revista inglesa “The economist”el futuro de las corporaciones occidentales. Explica que las condiciones históricas que las permitieron convertirse en monstruos económicos por medio de la globalización de los mercados cambiaron. Según una antigua  investigación del Instituto Global McKinsey, el número de empresas corporativas actual es el doble que en 1990, lo que sugiere un aumento de la competencia en el mercado mundial. Los analistas de McKinsey opinan que los beneficios corporativos pueden caer dentro de una década al nivel de hace 30 años, es decir, una bajada constante y permanente de la Tasa de ganancia. Además, las empresas occidentales se ven obligadas a competir con los mercados emergentes cuyas empresas representan ya el 26% de las compañías de la lista y en ascenso.

Guerra, la prolongación de la política por otros medios

Rusia se ha convertido desde el 2014 en el centro de las miradas occidentales. El golpe de estado del Maidán en Ucrania y la resistencia armada posterior en la Región del Donbass, desata la Operación especial rusa en febrero del 2022. La narrativa dominante hasta ahora en la prensa sistémica occidental pinta un cuadro de unidad y fortaleza frente a las supuestas “amenazas” de Rusia al Occidente combinado y sin embargo, un análisis más profundo y detallado de las políticas económicas de la Unión Europea y Estados Unidos, revela una estrategia oculta de búsqueda de una guerra  motivada principalmente por intereses económicos corporativos en contra de los BRICS. Guerra que trata de debilitar y romper al campo emergente concentrado alrededor de una China que va doblegando progresivamente la Unipolaridad occidental.

Contra pronóstico, la posibilidad cada vez más clara de la victoria del oso ruso sobre la OTAN abre un escenario nuevo en el que los sectores vinculados al capital financiero globalista aparecen como los grandes perjudicados. Rusia ha mantenido su rol como un baluarte de la resistencia antiglobalista. La Federación Rusa y los BRICS han consolidado alianzas con potencias emergentes que buscan un mundo más equilibrado y menos dominado por un solo centro de poder. Este conflicto además ha puesto de relieve las tensiones entre las naciones que buscan preservar su soberanía frente a los esfuerzos de dominio del occidente combinado. La lucha en Ucrania no es solo una cuestión económica y de territorio, sino una batalla ideológica y geopolítica sobre el futuro del orden mundial. Y mientras Occidente intenta asfixiar a Rusia mediante sanciones y guerras proxy, el éxito de Rusia en resistir estas presiones será fundamental para determinar el surgimiento de un mundo verdaderamente Multipolar.

Trump y el Nacionalismo Imperialista

El ascenso de Trump no puede entenderse sin el contexto geopolítico actual: la crisis de hegemonía de Estados Unidos y sus tradicionales apoyos europeos frente al ascenso de potencias como China, Rusia o India. En este escenario, las élites estadounidenses están divididas entre quienes apuestan por sostener el orden globalista actual liderado por Washington y quienes consideran que este modelo ha agotado su eficacia. El Trumpismo, como fracción “nacionalista imperialista” del capital representada por una gran parte del partido republicano y ligada al complejo industrial-militar, sectores manufactureros debilitados y burguesías medianas desplazadas por la Globalización, aflora ahora para retomar el liderazgo de la reestructuración capitalista mundial en su favor. Quieren que el dominio se recupere de forma distinta. Quieren que EE.UU. actúe solo y decida por su cuenta, sin depender de acuerdos o consensos con otros países aliados que le supongan una mochila con la que cargar. Se busca una hegemonía directa, mantener el poder global pero sin intermediarios ni estructuras diplomáticas que le pongan cortapisas, unilateral.

En términos económicos

Trump busca una mayor autonomía productiva frente a Asia, en especial con China. Su plan es el repliegue económico hacia dentro de Estados Unidos, necesitan recuperar la capacidad productiva que los globalistas les arrebataron haciéndoles más dependientes de las importaciones y del endeudamiento. Aranceles, fomento de condiciones para que las empresas regresen a fabricar dentro del territorio estadounidense, la idea de Trump es romper con el tipo de globalización económica potenciada por el capital financiero que ha dejado a China convertirse en el principal proveedor del mundo, incluida la industria de EE.UU. El Trumpismo por tanto no elimina la lógica globalista sino que la reemplaza y vuelve si acaso a un imperialismo kissingueriano más agresivo. Si durante décadas la dominación estadounidense se articuló a través de instrumentos como la USAID, la NED, el FMI, el BM o la OTAN, bajo su administración se promueven sanciones unilaterales, amenazas comerciales y guerras económicas con una narrativa de corte nacionalista imperialista. Se adopta nuevamente la vieja Doctrina Monroe que tiene efectos globales inevitables: retomar el control de Latinoamerica, debilitamiento de la UE y una creciente polarización entre el Occidente combinado y el eje Euroasiático. La geopolítica Trumpista acepta la nueva Multipolaridad pero desde una visión de mundo más cerrada, más conflictiva y más nacionalista que no pretende retirarse del escenario global sino reformular el liderazgo estadounidense desde una lógica de poder duro y de reservar y proteger su retaguardia para cuando llegue el momento de combatir a una China cada vez más poderosa.

Negras tormentas agitan el aire de la UE

Si hablamos en clave europea, el denominado viejo continente lidera la decadencia Globalista Imperial actual. Sin proyecto económico, agotada socialmente, sin salida política… la UE, bajo el manto protector del partido demócrata estadounidense y la OTAN han facilitado el ascenso del Trumpismo que proclama el America First y el fin de la guerra en Ucrania. Bajo esta perspectiva de crisis y Trumpismo, los gobiernos europeos  insisten en buscar la reestructuración sistémica añorando la imposible derrota rusa que se preveía fácil y rápida, el botín necesario para poder seguir su trayecto globalizador.

La UE se encuentra atrapada entre la espada y la pared, entre mantener la guerra contra Rusia y escalarla o ceder a la presión de EEUU. La dirigencia globalista europea y sus fuerzas políticas tienen pocas salidas con riesgo además de que se vean sustituidas por fuerzas conservadoras cercanas al Trumpismo. Como señala una cruda columna del Economist:Europa es una fuerza en retroceso en la economía global”, que se ha beneficiado demasiado tiempo del “dividendo de paz” post Guerra Fría, lo que permitió tener un gasto social “generoso”, por lo que ya es hora de “tirar por la borda los lujos” y abandonar la “auto-indulgencia”, porque los cambios en el mundo requieren cambiar las prioridades también”. La crisis por tanto, puede adoptar múltiples formas dependiendo de las condiciones políticas de cada país pero todo apunta al ascenso inevitable de derechas conservadoras y de extrema derecha que van a desplazar a las fuerzas políticas globalistas y eso incluye a los estados hispano-franceses.

Holocausto palestino, ataque a Venezuela,  intento de golpe en Burkina Faso, amenaza a Groenlandia…
No hay tregua

El capitalismo no da tregua y la enfermedad del buenismo que se ha extendido en la izquierda viene ahora a mostrar sus consecuencias más dramáticas, entre las más características cabe destacar la de desconocer la realidad, mirar para otro lado o sustituirla por la voluntad y los deseos. Sin duda, el Holocausto palestino, el ataque estadounidense a Venezuela y el intento de golpe en Burkina Faso, las amenazas a Groenlandia… nos ha puesto frente a un espejo en el que más vale mirarnos si queremos abordar la situación que se nos viene encima.

En este contexto, la supervivencia es el reto para los pueblos más débiles. Es imperativo que nos centremos en la Restitución de la soberanía Navarra y la defensa de nuestra clase trabajadora. Que nadie mire para otro lado ni haga oídos sordos.