SALIR DEL IMPERIO PARA SALVAR LA REPÚBLICA

Ya no queda ninguna duda sobre el entrelazamiento y alcance que existe entre la guerra que vive Rusia y la OTAN en Ucrania y el conflicto entre Irán y el Eje de la Resistencia contra EEUU e Israel. Ambas cuestiones se evidencian como una inflexión geopolítica que consolida la base de la confrontación global capaz de alterar las dinámicas militares, políticas, sociales y económicas mundiales. Frentes interconectados de una misma Transición, esto es, la manifestación del colapso de la hegemonía occidental y la consolidación de un orden alternativo materializado en los BRICS y los países emergentes del sur global.

La crisis en el Estado español

Esta etapa de Transición hacia la Multipolaridad impacta directamente en la situación económico-política tanto española como francesa en forma de crisis. Sus posiciones políticas, geográficas, de dependencias energéticas y compromisos internacionales las sitúan en medio de las tensiones globales.

Si nos centramos concretamente en el Estado español, lo que se ha puesto de manifiesto es que esta crisis precisamente prosigue y se acentúa con particular virulencia erosionando todas las instituciones validadas tras los “Pactos de la Moncloa” y, por tanto, la correlación de fuerzas de clase que las sostenía. El hecho más sintomático de lo que pasa es la creciente descomposición del PSOE, un partido que representaba el lazo estructural más significativo con el llamado Estado del Bienestar al que España llegó muy escuálida, en dictadura, empujada por una coyuntura internacional de guerra fría entre el bloque soviético y el capitalismo occidental. El PSOE también garantizaba, por un lado, la participación de las burguesías y gestores regionalistas, en nuestro caso el PNV y UPN, en el consenso constitucional y, por otro, mediante el turnismo gubernamental, aseguraba la cohesión con la otra fracción del gran capital hispano representado por el PP y su clientela que, dicho sea de paso, empieza a tener sus propias grietas con el trasvase de votos a grupos como VOX. Realmente, era el PSOE el verdadero partido de estado, eje aglutinante del bloque de poder que daba forma al régimen de 1978.

No obstante, contra los deterministas económicos de todo género que hablan de la crisis del capitalismo y su inevitable fin, hay que decir que el cuestionamiento de las alianzas de clase que se conformaron en 1978 empezaron mucho antes, durante la mayoría absoluta de Aznar con su política de criminalización de los “nacionalismos periféricos”. Pero de hecho, puede considerarse al “zapaterismo” posterior, con su afición por el talante, como un postrero intento de recomponer el consenso constitucional español, hecho definitivamente añicos en la actualidad utilizando la corrupción como excusa. Así pues, nada hay de casual en la posibilidad cierta de una debacle electoral del PSOE liderado por Pedro Sánchez. Una debacle por otro lado, que ya la viven en directo los chicos y chicas de Podemos. Si algo resulta reseñable entre la dirigencia intelectual del Podemismo es la forma en que han presentado desde hace tiempo su discurso, la ultimísima expresión de la modernidad, un pensamiento político “vanguardista” y renovado, wokista, mientras que a la vez tratan a las clases trabajadoras de una manera despectiva y condescendiente y es, precisamente ésto, uno de los rasgos que caracteriza la actual crisis política del Estado español: la absoluta ausencia en todo el espectro político o social visible de cualquier propuesta novedosa para “solucionar” los problemas que dicen quieren afrontar.

La reacción del las izquierdas liberales y wokes españolas y francesas ante el horizonte que se viene

Encuestas electorales recientes en los Estados español y francés muestran un significativo desplazamiento de las clases trabajadoras y populares hacia la derecha neoliberal y la extrema derecha, algo que ya venía dándose en el resto de Europa. No hace falta ser un genio para ver lo que está sucediendo. La crisis del capitalismo occidental y el resultado de años de desconexión de la izquierda con amplias capas sociales y populares van colocando las bases para que discursos simplistas y emocionales vayan ocupando cada vez más espacios en lo que algunos y algunas venimos denominando como el “asalto a la razón”.

La reacción de buena parte de la progresía hispano-francesa ante este escenario ha sido y es la descalificación moral e intelectual de los trabajadores y trabajadoras. Se les interpela como ignorantes, reaccionarios, se les insulta denominándolos fachapobres o como gentes que no saben lo que hacen y votan contra sus intereses. Y aunque pudiera ser verdad, la actitud arrogante de la izquierda liberal y woke no sólo se encamina a evitar cualquier análisis material de lo que está ocurriendo sino que termina alejando a esas clases trabajadoras cada vez más empobrecidas empujándolas a manos de la derecha y extrema derecha autoritaria. Esta izquierda que, debido a su posición acomodada, no entiende el miedo a no poder tener acceso a una vivienda o a perderla si ya la tiene, a perder el estado del bienestar protector, a no llegar a fin de mes, a quedarse fuera del mercado laboral, a la inseguridad en las calles, a la guetización… no entienden del miedo a un mundo que está cambiando demasiado rápido, el miedo a quedarse atrás, miedos reales que si no se abordan políticamente otros los van a explotar.

El crecimiento de la derecha neoliberal y de la extrema derecha autoritaria no es por tanto una anomalía ni un accidente histórico. Cualquiera con un mínimo de formación o intuición sabe que las personas trabajadoras no se vuelven conservadoras, reaccionarias o autoritarias por mera maldad sino por miedo. La situación material marca una vez más el camino a seguir y no los falsos debates y enfoques identitarios que parecen aclararlo todo pero que sólo generan entre los trabajadores y trabajadoras fantasmas y enemigos que nos dividen continuamente. Miedos que estas izquierdas liberales y wokes se ha encargado de potenciar, extender y en otros muchos casos de ocultar, agravando situaciones que no se están abordando o en el peor de los casos incluso esquivando mientras se mira hacia otro lado.

La pregunta llega inevitable: ¿Cómo responder ante esta situación?

Salir del Imperio para salvar la República

Una crisis se puede convertir en oportunidad cuando rompe la rutina y obliga a activar la creatividad y el pensamiento crítico para poner en marcha nuevas realidades que superen la situación anterior. La estabilidad prolongada suele generar costumbre mientras que la adversidad acelera los cambios necesarios para la Ruptura y la evolución. Desde el punto de vista de Indar Soziala, la actual crisis económico-política mundial junto con el desarrollo de los BRICS nos permite tener una ventana de oportunidad como pueblo vasconavarro y como trabajadores para avanzar hacia un proceso emancipatorio. Por tanto, este proceso se sustentaría en caminar del Contra-Poder al Doble Poder.

Del Contra-Poder al Doble-Poder

Hasta ahora, los y las trabajadoras vasconavarras nos hemos movido en términos resistenciales. La resistencia venía definida como la capacidad de generar Contra-Poder, esto es, la capacidad de nuestro Pueblo para frenar, condicionar o desgastar la acción de los Estado hispano-franceses y del capital. En definitiva, no se buscaba gestionar el sistema, sino demostrar que nuestro País tenía fuerza propia. La resistencia nos ha servido para que nuestro Pueblo se convierta en una Comunidad que toma conciencia de su existencia y se organiza para contener o impedir políticas anti-nacionales y anti-obreras que nos venían impuestas desde Madrid y París. Y sin embargo, el Contra-Poder no puede prolongarse eternamente pues el desgaste que provoca es muy amplio y profundo. Si las fuerzas sociales y políticas que ejercen el Contra-Poder carecen de un programa alternativo sólido o están divididas, su impacto se diluye y se limitan a una resistencia reactiva, sin capacidad de cambio real y se convertirán en elementos testimoniales y decorativos o incluso enfrentarán su desaparición.

La actual crisis económico-política junto con el desarrollo de los BRICS cambia el escenario no sólo internacional sino que también modifica progresivamente la correlación de fuerzas local. Esto nos puede permitir dar un salto más allá, un salto al Doble-Poder o Poder Dual, esto es, que los trabajadores y trabajadoras seamos capaces de gestionar e incluso generar instituciones, organismos político-económicos que empiecen a funcionar de forma independiente frente a los estados que nos tienen bajo su control. Debemos de llegar a un punto de inflexión donde existan dos autoridades en el mismo territorio: la del Estado (supuestamente legal pero sin legitimidad) y la de nuestro Pueblo (legítima pero también operativa). Instituciones alternativas de la sociedad civil vasconavarra que coexisten con el Estado oficial, no para ser simplemente gestionadas sino para desafiar su autoridad buscando reemplazarlo.

Finalmente diremos que debemos terminar con esa especie de confusión que existe entre creer tener la razón porque sí y construir la hegemonía necesaria para afrontar el futuro. Muchas posiciones políticas actuales soberanistas maximalistas se repiten continuamente proyectándolas hacia una cámara de eco dentro de espacios cada vez más sectarios que alardean de supuestas victorias en batallas que en realidad nunca se ganaron. No nos podemos seguir engañando, nos debemos al tiempo y su poder, tenemos que navegar hacia adelante manteniendo el corazón y la mente leales a nuestra tierra y a nuestra clase aunque duela.