Samantha Hudson convertida en estrella

Samantha Hudson nuevamente se publicitaba, hace poco, en los medios hablando de cine. Esta cantante y activista de profesión, ya nos aleccionó en el pasado al conjunto del alumnado de la UPV- EHU en las jornadas Kantatzen Duten Herriak que se centraron en la dimensión social de las raves y lo queer «que transgreden la pista central de la música». Sin embargo, con una simple búsqueda rápida en internet, vemos cómo Samantha, sin ningún tipo de estudio o similar, en estos últimos años, ha participado en multiud de eventos y medios como Radio Euskadi para presentar su propio podcast, periódicos como Deia, Noticias Navarra, RNE, RTVE, MasterChef Celebrity, Viajando con Chester, Tu cara me suena, Una Navidad con Samantha Hudson especial de Atresmedia, Sálvame, la serie La Veneno, Los premios Lobo Feroz… por lo que no me queda muy claro si Samantha transgrede o ya está en el propio centro de la pista a la que aludía. Es precisamente en esta pista central en donde Samantha representa el producto perfecto de la ideología queer, que efectivamente, ocupa todos los espacios, desde los medios de comunicación, grandes corporaciones, educación en colegios y balcones de ayuntamientos y que poco tienen que ver con la no discriminación del colectivo LGTB.
Para decirlo rápido, las teorías queer proceden de los despachos de las universidades de EEUU, en un momento, casualidades de la vida, en el que el movimiento por los derechos de las mujeres está cogiendo fuerza. Y aparece esta “ideología” entrando como un caballo de troya en el feminismo. Un feminismo que plantea que el género es la construcción social por la cual a las mujeres -sería el género femenino- se las induce a ser, actuar y colocarse en una posición social concreta a través de grandes industrias como la de la cosmética, la cirugia estética, la moda, las dietas, la prostitución, la pornografía, etc, en definitiva a ser productos de consumo masculino, mientras que el género actúa sobre los hombres -género masculino- a través de la imposición sutil o no de mostrar dominación, control, éxito, riesgo, lo que se traduce en adicciones con sustancias o sin sustancias como el juego o la pornografía y, de nuevo, problemas de salud mental.
Samantha habla de una solución como es, abolir el género. Así una niña pueda encarnar valores asociados a lo masculino, como la fuerza, la valentía, jugar al futbol y con niños y no ser tachada de marimacho o un niño pueda jugar con muñecas, mostrar la ternura sin vergüenza, jugar con niñas y no ser tachado de maricón. Para la teoría queer el género es performativo, es decir, que tú misma con tu capacidad de agencia lo puedes cambiar, lo cual, deja de tener en cuenta las condiciones biológicas en las que se ancla, el contexto social y esas grandes industrias que mueven millones en torno al mismo, es decir, la realidad material. Así resumido, porque. como me respondió mi profesora del máster de género (UPV-EHU) Elvira Burgos -especializada en la misma-, “la teoría queer es difícil de explicar”. Una buena excusa para acabar la clase.
Llevada a la práctica, a través del transactivismo y apoyado por el transfeminismo, en 2024 se hace una reforma de la ley de 2012 en el Parlamento Vasco, en la que se introduce el derecho a la autodeterminación de la identidad de género, sin necesidad de informes médicos de ningún tipo. Es decir, se sustituye el concepto de sexo por el de identidad de género, lo cual se prueba únicamente con un simple trámite burocrático. Ahora eres o puedes ser el sexo que sientes y la demostración es tu propia palabra, nada más.
La teoría queer o el transactivismo o transfeminismo desactiva la lucha de los derechos de las mujeres, porque ¿quién sabe definir lo que es una mujer o un hombre? El mensaje para las niñas tachadas de marimacho y sus familias es que quizá es un niño trans, o aquel a quien le gustan “las cosas de chicas” puede ser un niño trans. Llega un momento en la etapa de crecimiento que el cuerpo se desarrolla, y si he crecido pensando que estoy en un cuerpo equivocado, odiaré mi pecho o mi barba.Y para solucionar este problema, está la industria farmaceutica que genera miles de millones de euros a nivel mundial con los bloqueadores hormonales.
Sin embargo, hay que recordar que la naturaleza no se equivoca, se equivoca la sociedad y que la infancia no se toca. La banalización de la transexualidad que hace la teoría queer ha generado un aumento exponencial de transiciones en jóvenes, que tomarán hormonas de por vida y que una vez mutilados sus cuerpos no tienen marcha atrás. Y que una vez transicionados, la salud mental no se repara y los suicidios no disminuyen.
Las personas críticas con la teoría queer no estamos en contra de las personas transexuales, sino de este tipo de leyes basadas en sentimientos y del movimiento que utiliza la disforia de género, como bandera de reivindicación social mientras otros se llenan los bolsillos a costa del daño y el engaño a otras personas y desde mi punto de vista ataca los derechos de las mujeres porque la violencia sexual se basa directamente en el sexo biológico y no en el sentimiento de mi identidad sexual. Aquellos espacios exclusivos de mujeres se pierden, ya sean baños públicos, gimnasios, cárceles de mujeres, el deporte femenino, puestos de trabajo a través de cuotas, acaparación de parte de los fondos del Pacto de Estado contra la violencia de género e incluso acceso a refugio para mujeres víctimas. En internet hay muchos ejemplos de casos. Y no existe fraude de ley, porque tu sentimiento prima por la realidad material.
Desde 2016, la Unidad de Identidad de Género en Cruces atendió a 1.308 personas hasta marzo 2025, más de la mitad menores, y se realizaron 326 cirugías entre 2016 y mediados de 2024. En Navarra, desde 2011 la Unidad Trans “Transbide” ha atendido a 455 personas, con un notable porcentaje de menores iniciando tratamientos, según el Gobierno Vasco y el Diario de Navarra.
Las universidades, al igual que las calles, se tiene que llenar de pensamiento crítico, con estudios, datos, razones e investigaciones que pongan en jaque pensamientos de lo abstracto disfrazados de derechos humanos y fomenten el debate por encima de los insultos y las “fobias”.

Autor L.N.R